El valor ético de publicidad política
La campaña política reciente me generó encontradas sensaciones y al comenzar a separar los diferentes procesos y aprendizajes encuentro uno que especialmente hace la diferencia.
Viendo la campaña nacional, en especial el proceso entre octubre y noviembre, se desprende una reflexión profunda de la validez de la publicidad y comunicación política vinculada al sentido de la ética en el manejo de los mensajes.
Quiero aclarar que este comentario no estable juicios de valores morales sino analiza como en el momento de la decisión se resta importancia al elemento ético y que eso tiene efectos prácticos en la competencia electoral.
El principal elemento ético del a comunicación política esta centrado en la manipulación de la opinión pública. Los márgenes en donde nos manejamos para sensibilizar e impactar en la atención del público son difusos pero claros.
La campaña demuestra que cuanto más transparente es nuestro empeño mejor resultado tiene. La intensión manifiesta de José Mujica y su equipo de campaña de darse “un baño” presidencial y mostrar ese proceso al descubierto tuvo mucho mayor impacto que el intento de Luis Alberto Lacalle y su equipo en tratar de predisponer al electorado en un escenario de inestabilidad institucional.
Este elemento es mucho mas profundo que una campaña positiva, es una predisposición ética de la forma en la que se ve la comunicación política.